domingo, 2 de diciembre de 2012

El Terror de lo Usado

Personalmente soy fiel creyente que más que la calidad es primordial la cantidad. No importa si esa camisa que compraste en su tejido tiene hilos especiales que no se desgastan tan rápido y fueron teñidos con tintes que duran hasta 8 veces más, si al final debes meterla a la lavadora a menudo por las escasas opciones del guardarropa que posees, pues por comprar una camiseta de marca evitaste comprar cinco baratas. Ahora, menciono lo de la cantidad sobre la calidad en sentido figurado, pues con poco dinero tal como nuestras madres nos han instruido se puede conseguir ropa de calidad.
En busca de“básicos” a buen precio, fui al mercadillo de la ciudad vecina para ahorrar dinero sustancialmente y encontrar prendas especiales. Resultó, entonces, que las opciones parecían ser solamente dos: o prendas impregnadas literalmente del estilo y humor de tres décadas atrás o básicos realmente desgastados en tallas grandes. Me puse a pensar seriamente en lo necesario que resulta para “el nuevo mundo” tener tiendas establecidas y especializadas en el vintage. Éste término es tan apasionante que incluso no me sentí sorprendido cuando Lilly Allen declaraba hace tiempo que se retiraba de la música para dedicarse a una tienda de este tipo junto a su hermana Sarah Owen. Claramente no esperaba encontrar un Versace de los 90’s, pero si deseaba con ansias una prenda que orgullosamente usaría jamás confesando su real precio, pues en mi lugar de residencia es simple ropa de segunda mano y un descarado acto de tacañería.
En la premier de A Mighty Heart en Nueva York, Angelina Jolie usó un vestido de US$26.00 que compró ella misma en un bazar con tal elegancia que demostró que no es necesario recurrir a las grandes marcas de lujo para verse bien. Con esto en mente, y luego de un largo tiempo que con los ojos irritados y la nariz congestionada seguía escarbando entre las pilas de ropa en búsqueda de un Trencho una cazadora de cuero, me retiré del lugar con una chaqueta doble faz de loneta verde –que en su interior se trataba de un uniforme de una empresa de transporte-, un suéter tejido de United Colors of Benetton XL y dos camisas: una hawaiana y una escocesa en excelente estado sólo que los botones habían sido reemplazados por cuatro de diferente tipo.
Al final, me quedó claro que todo lo que adquirí pudo ser comprado en un supermercado, evitándome la tarea de dejar en remojo con suavizante de telas toda una noche mis recientes compras, o siguiendo los prejuicios de la sociedad y dejando en secreto el polvoriento origen de la ropa que compre.
Es claro que por motivos logísticos no es posible para algunos de nosotros visitar al Paris Designer Vintage/Didier Ludot, donde la ropa vintagecomprende prendas de confección exquisita y producida en pequeñas cantidades con precios desorbitantes en la actualidad. Entonces lo que gasté en ropa de segunda mano es sólo una fracción de lo que costaría un verdadero artículo con valor añadido vintage. De buscar nuevos básicos, acudiría a la ropa que venden donde mi madre y seguramente la de muchos ha aconsejado hacerse con elementos de buen precio y calidad, y que siempre vienen con un agradable olor producción en serie y lo mejor: a nuevo.

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